La idea surgió después de que Diego se quedara sin contrato laboral. Junto a sus hermanos y amigos, comenzó a pensar alternativas para generar ingresos y decidió darle una nueva vida al Falcon que estaba parado.

“Vimos el auto parado y ahí salió la idea. Hicimos dibujos, pensamos cómo y salió”, contó a Diario El Sureño.

El emprendimiento lleva apenas dos semanas de actividad, pero, según relató su creador, la respuesta viene siendo positiva. La propuesta no solo atrae a quienes buscan comer un choripán, sino también a curiosos que frenan para mirar el vehículo, sacar fotos y conocer esta original transformación.

La iniciativa es familiar. Diego trabaja junto a Fabiana y las chicas, quienes también participaron en el diseño del proyecto.